"No música"

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Música y sensaciones; música e inspiración; música y libertad. Música y no música.

Cada publicación es inspirada por un trocito de música. Dale click a la fecha en cada foto y conoce la historia.


Theme by Day LP.
18th
August

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Leí por ahí que las altas esferas de la crítica musical se estaban cansando de esta sobrepoblación de bandas cuasi clonadas que han encontrado en los 60’s y 70’s la minita de oro del momento. Una cosa sí les diré, prefiero una y mil veces la incontenible reproducción de este tipo de bandas a la de los chillwavers que, seriamente, empiezan a quedarse sin argumentos. Quizá yo también esté errado al sacar cara por los Smiths Westerns, Puro Instinct o Vivian Girls; quizá ellos ya aburrieron y no me he dado cuenta. En todo caso, no me importa.

Empiezo a creer que en mi vida pasada fui un suburbano que gastaba las horas entre bares, tocadas y buena vida, allá cuando los hippies inventaron la libertad; sino de qué otro modo explicarme la fijación que tengo por el lifestyle de aquel entonces, por la música, por la bohemia, la inspiración. Allá debió pasar algo. Por suerte, no estoy solo en este sentir: las chicas Vivianas fueron mis compañeras en aquellos años maravillosos. Compartíamos arte, amor y perdición; la felicidad era gratis. En esos años, su música era la misma de ahora, simple, pero desenfadada, un punk justo, solos que escapaban de la guitarra como el encarcelado escapa de prisión, el trío de voces que contrastaba la fuerza instrumental con su delicadeza… una fórmula demasiado simple de decir, pero cuyo verdadero significado solo se puede sentir. Siento, luego existo.
12th
August

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El joven ha despertado y se ha dado cuenta de que sigue siendo el mismo; las cosas descansan en el mismo lugar donde las dejó la noche anterior, la mañana gris, la misma ciudad, el mismo peso en el alma… Hoy le toca la tarea más dura de todas: afrontar un día más, uno más del montón. Echado en su cama, se decide a prender el televisor; toma el control remoto y le da inicio a la rutina; sin embargo, el que se prende es el equipo de sonido, y junto a él, una nueva historia. El joven no sabe que hoy le toca vivir. Empieza un ruido… cómo decirlo… un ruido apacible… un ruido… blanco, y el joven se queda inmóvil; brazos y piernas inutilizados, pero la mente despierta, algo que no le sucedía hacía ya buen tiempo. El joven -al que me provoca llamarlo Omar- se ve rodeado de lo que más disfruta en el mundo: la naturaleza; nubes que dibujan curiosas formas alrededor del sol, campos, ríos y vida. De pronto sus deseos se vuelven órdenes por primera vez en su corta existencia; él piensa y se hace, y, así, le dio ganas de crear su propia historia. El equipo de sonido no emitía voces y dejaba que los instrumentos sean los únicos que hablaran, nada mejor para permitir que la mente vuele. Y así fue. Con cada tema, Omar iba pintando una realidad, su realidad, en la que él era el único actor; se paseaba por paraísos naturales, pero también por ciudades que nunca duermen, conciertos, tocadas en bares del centro de la ciudad, tardes nevadas, derrotas superadas: se paseó por un día diferente.

Luego de 53:08 minutos, la música, finalmente, dejó de sonar, y así se acabó el sueño. Fue un viaje por todos los escenarios de una vida, y como la vida no solo es blanco o negro, las melodías que la acompañan tampoco pueden ser lo uno o lo otro. La música que acompañó a Omar fue así, suave y flotante en unos casos, fuerte y más directa en otros, abarcando mil y un matices que nosotros podemos adaptar a nuestro gusto y manera. Y es que ese es el verdadero sentido de la música, la cual, cuando se desnuda de sus voces y lyrics, se deja poseer por nosotros y nuestra imaginación.

Desde ese día, todos los amaneceres son diferentes para Omar; él los hace diferentes.
11th
August

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10th
August

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El raro rareza quiere y heme aquí, don raro, en busca del raro que todos llevamos dentro. Pero vaya, en estos días en que se espera la segunda venida del salvador con las mismas ansias con que se esperaba el nuevo disco de Radiohead no tuve mejor idea que explorar The King of Limbs para ver si encontraba lo que andaba buscado. Vamos, no fue difícil, el raro que todos llevamos dentro Tom Yorke lo lleva afuera, y no tiene reparos en contagiar a las notas y acordes, infectarlos con su virus y, enfermos todos, salir a capturarnos. Si deseas no le prestes atención al minimalismo de pianos y a esos sonidos tribales de tambores, platillos y demás, y pronto te darás cuenta de que ellos siempre estuvieron ahí, esperando a que tú solo te envuelvas en su pegajosa trama. Uno, sin darse cuenta, sigue haciendo lo que está haciendo, come, duerme, habla, folla… 10..9..8..7..6..5..4..3..2..1, y listo, con diez es suficiente. Te doy diez para que te vuelvas uno con el rey de las extremidades, para que seas una de ellas.   Vamos, te reto, solo 10 segundos de “Bloom”  harán que te pierdas en los mil pasajes que Radiohead te ha preparado solo a ti, retazos de electrónica, introspección, guitarras que apenas hablan y una voz algo sufrida pero que no inspira lástima sino todo lo contrario, es la voz de un hombre orgulloso de no ser como los demás. “Este soy yo”. No hay duda, señor.

    El rey de las extremidades ha despertado y tiene poder, sus incontables raíces lo alimentan de nuestra energía vital, en ellas están grabados nuestros nombres, yo, tú, él: el rey nos conoce a todos. La música que acompaña su despertar es un ritual, apurado, siempre apurado, que parece querer apoderarse de nosotros. Te doy diez, solo eso, para que tus extremidades empiecen a convulsionar, a bailar al son del envolvente conjuro..
  10…el juego empieza 
9…tu mirada se pierde 
8…te inmovilizas 
7…olvidas lo que estabas haciendo, laguna 
6…hombro salta, pierna avanza 
5…de pie, la música te ha hecho marioneta 
4…empiezas a recitar: Yorke te dicta las palabras 
3…gritas, te agitas, y lo ves: una suerte de apéndice se te acerca 
2…adopta tu forma, te envuelve y te hace suyo 
1…bienvenido, uno más para la colección.
10th
August

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ATENCIÓN: ESTÁS A PUNTO DE ESCUCHAR UNO DE LOS DISCOS MÁS EXTRAÑAMENTE PERFECTOS QUE CRUZARON TUS OÍDOS.

La magia llega a cargo de Alex Zhang Hungtai, quien salió de Taiwán para cocinar su arte en las calderas canadienses (de Montreal, para ser exactos), desde donde le ha dado una forma peculiar a lo que parece ser un frankenstein musical: experimentalidad, lo-fi, romanticismo y oscuridad. O terror, para ser precisos. Los tres primeros tracks de “Badlands” pueden ahuyentar a cualquier corazón sensible, a los que no salen de su cuadrado de normalidad y no son capaces de ver lo bello en lo diferente; y es que un músico que ha despertado el interés gracias a sus canciones de “amor y muerte” -como él las describe- sí que es diferente. La extraña creación tiene como esencia un lo-fi tan crudo que es imposible no trasladarnos a antiquísimos escenarios opacos y solitarios, donde los eternos sonidos de máquinas parecen ser el hilo conductor de la primera terna de temas. Lo primero que pensé al escucharla: Eraserhead; aquella película que parece retratar perfectamente a la música de Beaches, tanto por su surrealismo como por el ambiente cargado del estruendo de fábricas que parecen disfrutar del hecho de no dejar silencio en nuestras cabezas. Adivinen qué, pues… David Lynch, el creador de Eraserhead, es una de las grandes influencias de nuestro músico. A partir del cuarto tema (que parece ser una no tan alegre versión de la “nueva ola”), el escenario perturbador se empieza a mezclar de la forma más inexplicable con una onda romanticona, incomprendidamente dulce. “Lord Knows Best” puede ser la canción más jodidamente conmovedora que he escuchado, donde un piano y la gravísima voz de Zhang parecen afirmarnos que los raros también tienen corazón.

Un disco altamente recomendado para todos los cazadores de rarezas, los que andan buscando “ruidos rosas” o “romanticismos tenebrosos” y saben que en las contradicciones se esconde lo hermoso. Qué puedo hacer, amo esta música.

P.D.: Vean “Eraserhead” para entender un poco más de la onda misteriosa que rodea el trabajo de Dirty Beaches y de seguro pensarán que ambas muestras van de la mano.
10th
August

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Un par de hermanas, de rojos labios y blondísimos cabellos, te miran a lo lejos, apoyadas en un viejo automóvil, como esperando a que por algún motivo inexplicable te acerques a ellas. A veces se le llama instinto y esta vez está de tu lado; gracias a él te acercas al par de jóvenes quienes parecen no sorprenderse por tu apresurada cercanía. Ellas viven en otra realidad pues, una más relajada, suelta de huesos, donde el tiempo marca tarjeta y todo se resuelve con un poco de buena cara. No sé, pero las miras y te dan ganas de tirarte en la arena, en el pasto o en el sucio pavimento junto a ellas, solo a disfrutar del viento mientras los segundos se pelean por no quedarse atrás. Já, pobres necios, no saben lo que es el placer. 

Tú las sigues mientras alegres te invitan a pasar al vehículo: “sí, es viejo, pero nunca nos ha fallado”. Vaya, tienen el corazón hippie, nada más lindo. Prenden el humilde equipo de sonido y le dan play a un cassette donde se alcanza a leer un nombre con lapicero: “Headbangers in Ecstasy”; “hemos estado trabajando unos temas y vaya que nos la hemos pasado genial, ha sido como narrar un día de nuestras vidas: solo dejar que nuestro interior hable por nosotras. Nuestro instinto dictaba, la música obedecía”. El motor echó a andar y empezó un día en sus vidas, quizá el más espontáneo que alguna vez probé. Se reían a cada instante, sacaban los brazos por la ventana, cantaban y se movían hasta que el avejentado asiento se los permitía; la que manejaba parecía haberse olvidado de que lo hacía y dejaba que la música marque la ruta por la que nos trasladaba. “Tranquilo cariño, confía en mi instinto”. Y así fue. Recorrimos la ciudad entera aquella tarde, con el soundtrack perfecto en el momento perfecto; era un pop de ensueño, psicodélico, guitarrero, calmo pero lleno de personalidad, como si gritara a todo pulmón “tómame o déjame”. El sunset nos invitaba a detenernos y por un instante me sentí en completa calma; ese par me había enseñado lo que era vivir al cien por cien. La música se paró y me di cuenta que tenía que volver a la rutina; aún no había encontrado la fórmula que ellas usan para detener el tiempo y eso me obligó a bajar de la blanca reliquia y despedirme de los dos seres más libres de este mundo. “Me gustó mucho la música, gracias”. “Qué bueno, chico, quizá nos puedas ayudar a ponerle un nombre a nuestro proyecto”. A los dos segundos, mis labios actuaron solos: “Puro Instinto”, muchachas, “Puro Instinto”.
10th
August

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David Bowie, maldito genio, eres uno de los grandes pilares que sostienen mi identidad musical. Cómo te cuento que verte en medio de lentejuelas y brillantes botas en pleno auge de tu etapa Ziggy Stardust me hizo creer que eras un loco afeminado, uno más que pretendía tocar buena música en un local nocturno. Pero cogiste la guitarra y, mano alzada, diste la orden: la noche sería tuya. Aquel personaje de encendida cabellera se paraba al frente del escenario y su trío de melenudos acompañantes hacía lo propio tras sus instrumentos; segundos después, el primer sonido se hacía presente y, con él, la historia que aquel personaje nos tenía preparada. La Tierra tenía los días contados y quizá escucharlos sería nuestra única salvación.

Tenía varios años menos que los que cargo ahora y, en mi aún infantil mente, la premisa con la que Bowie se presentó me había atrapado por completo. A lo largo de las canciones que esa noche sonarían para nosotros, el extraño ser nos instaba a pensar en toda la mierda que íbamos regando en el planeta. Que la contaminación, el capitalismo, el abecé, blablablá; así es, el mismo tema de siempre, pero apuesto a que nunca antes te lo había contado un marciano, que incluso allá, encerrado en su rojo territorio, había visto cómo sus vecinos se acaban la vida. La historia empezaba con nuestra condena: le quedaban cinco años de vida a la humanidad. Sublime. 

El ser tenía tenía unos ajustados pantalones de látex que, de no ser por la infinita variedad de colores con los que se pintaban, muy bien podrían haber sido confundidos con la desnudez de sus piernas. Sus labios tenían más color que el natural y sus movimientos no eran los de un rockero convencional. ¿Así eran los marcianos? No lo sé pero, así se hubiese puesto el más rosa de los trajes y el más recargado de los maquillajes su extravagante apariencia no me hubiera ahuyentado. Había un algo que me impedía voltear la mirada. Hoy, tras haber recorrido la carrera musical de David Bowie y con algo más de experiencia en la vida, comprendí el porqué de mi actitud: yo tenía un Ziggy adentro. Estudio para ser gerente de alguna empresa -quizá uno de los puestos más “formales” dentro del mundo laboral- mientras porto una larga barba propia de un musulmán. Voy a mis clases con mi par de zapatillas de colores fucsia, verde y celeste, mientras mis blancos y grandes audífonos cuelgan de mi cuello como una parte más de mi cuerpo; hace poco me hice un Mohawk y ahora estoy en proceso de hacerme un dreadlock gigante en la parte posterior de la cabeza. Quizá lo pinte de algún color. De repente quiero demostrar que la apariencia no tiene nada que ver con la capacidad, así como Bowie lo demostró en esa actuación; imagínate tú que el andrógino Ziggy Stardust dio vida a uno de los mejores discos de la historia. Quién iba a pensar que un rockero travestido podía convertir el viejo cuento del fin del mundo en una obra maestra.Quizá esa idea me impedía voltearle la mirada.